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| Mural de la Casa Museo Alí Primera, en Paraguaná. Al fondo, la llama perenne de Amuay |
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Paraguaná es hoy una tierra árida, pero alguna vez tuvo
áreas boscosas, agua dulce en cantidad y una cultura apegada a esas condiciones
climáticas. Cuando el capitalismo industrial llegó comenzó el apocalipsis: los
gigantescos y centenarios árboles fueron devastados y se dice que el Canal de
Panamá fue embaulado y construido en buena parte con la madera de la península.
Las petroleras norteamericanas hicieron el resto del “trabajo”: liquidada la
tierra, se dedicaron a liquidar a su gente, a convertirla en esclava, a desapegarla
de su cultura y de su amor al terruño.
Estados Unidos lo destruyó casi todo. CASI todo.
En aquel programa de los 70, Hulk tuvo éxito en mostrar su
furia destructora hasta que le pusieron enfrente una silla de cardón
paraguanero. El monstruo la golpeó contra el piso dos, tres, cuatro veces. La
silla no se partió. El monstruo la lanzó lejos con un gruñido.
Las petroleras captaron a los campesinos y los convirtieron
en obreros miserables de una industria miserable. Pero en esa tierra despojada
de sus recursos naturales y de sus afectos ancestrales sigue naciendo gente hecha
para la resistencia. Una gente hecha del mismo material que el cardón: gente
que resiste, gente de buena madera, gente indestructible.
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Alí Primera es quizá el emblema más notable y conocido de
cómo un ser humano marcado por las devastaciones físicas y simbólicas de la
industria puede levantar su voz por encima de la de esa maquinaria de destruir
vidas y culturas. Desde la casa de su niñez, allá en Paraguaná, puede verse al
fondo la llama interminable (por ahora) que se le debe haber quedado incrustada
en algún lugar de la conciencia-cuerpo. Nadie desplaza su niñez con ese
candelorio fijo casi en el patio de la casa y en las calles de joderse y jugar,
sin que en los momentos cruciales de la vida el candelorio se le rebele adentro
y lo desborde. Y ningún pueblo que ha sido alcanzado por los efectos de esa
candela (la voz torrentosa en clave de rojo combatiente) podrá amansarse más
nunca.
Cuando las almas bravas piensan un día aplacarse y abandonar la pelea
ahí mismo aflorará desde adentro el candelero perenne, la memoria canción, la
llama ceremonial, para recordarles que el camino es largo.
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| Aspecto del conversatorio de cantores |
En aquella casa de su niñez, hoy Casa Museo Alí Primera, hubo conversatorio, acción y canción el pasado 5 de noviembre, en el marco de la Gira Nacional de cantores. Fueron precisamente Sandino y Florentino los encargados de organizar el capítulo Falcón de la conformación de una Unión Nacional de Cantores (nombre en discusión), acto que contó con la presencia y la participación de creadores de Caracas, Mérida, Cojedes, Falcón, Lara, Zulia, Táchira, Lara y otras entidades. Sandino fue el director de debates e hilo conductor de las intervenciones, y Florentino tuvo el buen tino de invocar una idea de Alí que se quedó en las ganas y la formulación, pero que vale la pena recordar como un anhelo permanente de la militancia cohtrahegemónica venezolana: el CUP (Comité por la Unidad del Pueblo) viene a ser el concepto-síntesis que deberíamos tener presentes como pueblo organizado, y también, dentro del inmenso espectro de actores y factores, como cantores en busca de una estructura y plataforma unitaria de lucha.
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| Florentino en su intervención |
Nuevamente, al igual que en todas las actividades realizadas (y que han de realizarse en todos los estados de Venezuela), contamos con el apoyo y la presencia activa de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura, en la persona de su Director, Silio Sánchez Zerpa.
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Fiel a ese impulso organizador y aglutinante del padre, Sandino Primera ha sido uno de los participantes más activos de esta iniciativa nacional. Recordemos su participación en el acto homenaje a Bolívar, en presencia de Hugo Chávez. La voz de Alí renacida en sus continuadores y seguida de cerca por otro coloso de nuestra historia:



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